"Hoy en día", -dijo sabiamente mi primo Patricio-, "(...)te agregas al Facebook, si querés más contacto te pasas el mail, y si y solo si se arregla una cita, se da el teléfono, de la dirección ni hablemos, recién ahí nos vemos cara a cara".
¿Será que es más fácil, menos riesgoso? ¿Será que cada vez preferimos más estar escondidos atrás del monitor, para que el interlocutor no pueda ver nuestros gestos? ¿Nos animamos a decir más cosas, así? ¿Será que nos estamos poniendo menos invasivos, como cuando había menos forma de comunicarnos instantáneamente y caprichosamente en todo momento como lo estamos haciendo ahora?
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| "La Red Social" |
Después vino el celular. Y la privacidad y la capacidad de elegir cuando querés que te encuentren es nula. Vas caminando por la calle, y te encuentran. Estás durmiendo, y te encuentran. Estás en la facultad, y te encuentran. ¡Estás manejando y te encuentran!
Con el Facebook, en cambio, vos entrás cuando querés. El tema es que el querer, se está convirtiendo en una necesidad. Una necesidad imperiosa de estar en Facebook todo el día. (Ni hablar de twitter y el "qué está pasando", que se convierte en "qué estoy haciendo", y se pueden leer frases de lo más creativas e ingeniosas como "estoy paseando a los perros" que tanto bien le hacen al éter cybernético).
De la popularidad del Facebook no hace falta que mencione nada. En pocos años, empezando en 2007 con pocos usuarios, en el 2011 no hay persona que no tenga Facebook. Todos caen en la tentación. Hasta los mas "pro-hippies" terminan sumándose a la comunidad virtual.
Quisiera contar aquí una anécdota que suma a la discusión sobre si el uso del Facebook se debe a
a) Adicción
b) Su funcionalidad
c) Necesidad
d) Ocio
Un buen día, por causas ajenas, mi cuenta de Facebook se cerró. Así, sin más. Descolocada, intento entrar de nuevo, y de nuevo.
"Escribile a Mark" me bromeó un amigo. (Mark es el joven creador de Facebook).
No le escribí. Me calmé. Todo está en orden, pensé. No pasa nada si no tengo Facebook. Sigo siendo una persona, de carne y hueso, con amigos y vida.
Y me hice una auto-apuesta.
A ver, yo misma, ¿Cuánto aguantas sin Facebook?
La respuesta me humilla. Al día siguiente ya estaba entrando desde el Facebook de mi hermano para ver "en que andaba la gente".
¡Ni 72hs sin Facebook!
¿Cómo me comunicaba, sino? ¿Cómo hacía?
Y eso que todavía no tengo un celular con Internet.
